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miércoles, 24 de octubre de 2012

Cuentos cortos de Tony Mello 5

Diógenes


Estaba el filósofo Diógenes cenando lentejas cuando le vio el filósofo Aristipo, que vivía confortablementene a base de adular al rey.

Y le dijo Aristipo:
- Si aprendieras a ser sumiso al rey, no tendrías que comer esa basura de lentejas

A lo que replicó Diógenes:
- Si hubieras tú aprendido a comer lentejas, no tendrías que adular al rey

martes, 23 de octubre de 2012

Cuentos cortos de Tony Mello 4

El poder del miedo



La peste se dirigía a Damasco y pasó velozmente junto a la tienda del jefe de una caravana en el desierto.

- ¿Adónde vas con tanta prisa? Le preguntó el jefe
- A Damasco. Pienso cobrarme un millar de vidas

De regreso de Damasco,
la Peste pasó de nuevo junto a la caravana.
Entonces le dijo el jefe:
- ¡Ya sé qeu te has cobrado 50.000 vidas, no el millar que habías dicho!

- No - le respondió la Peste - Yo sólo me he cobrado mil vidas. El resto se las ha llevado el Miedo

lunes, 22 de octubre de 2012

Cuentos cortos de Tony Mello 3

La mayoría de las veces, los defectos que vemos en los demás son nuestros propios defectos



- Perdone, señor - dijo el tímido estudiante - pero no he sido capaz de descifrar lo que me escribió usted al margen en mi último examen....

- Le decía que escriba usted de un modo más legible - le replicó el profesor

domingo, 21 de octubre de 2012

Cuentos cortos de Tony Mello 2

Nuestros enemigos no son los que nos odian, sino aquellos a quienes nosotros odiamos



Un ex-convicto de un campo de concentración nazi fue a visitar a un amigo que había compartido con él tan penosa experiencia.

-¿Has olvidado ya a los nazis? - le pregunto a su amigo
- Si - dijo este
-Pues yo no. Aún sigo odiándolos con toda mi alma.

Su amigo le dijo apaciblemente:
- Entonces, aún siguen teniéndote prisionero

sábado, 20 de octubre de 2012

Cuentos cortos de Tony Mello 1

Los muros que nos aprisionan son mentales, no reales


Un oso recorria constantemtne, arriba y abajo, los seis metros de largo de la jaula.
Cuando, al cabo de cinco años, quitaron la jaula, 
el oso siguió recorriendo arriba y abajo
los mismos seis metros, como si aún estuviera en la jaula.

...y lo estaba... para él...